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lunes

Me Juego "Casi" Todo, por Venezuela

Puedo apostar sin dudar en lo que creo, porque esa es la apuesta más dura. Y la más confiada, la que nace de las convicciones. Así es el voto y así mi derecho y deber de expresarme.

Pero no miento cuando afirmo que me lo juego casi todo en estas elecciones, porque hay algo que no me puedo atrever a apostar, porque sería peor que perder la vida. Ese algo, es el amor y la amistad.

Tengo familiares, amigos y amigas que comulgan con el chavismo. Que eran mis amistades antes o durante estos 14 años de locura en que se imponía el nombre de un hombre que ha demostrado no merecer lo que tiene, más nombrado que quien sí lo merece y es un placer y deber decirlo: El nombre de DIOS.

Más yo no voy a atrever jugarme el cariño de mi padre que es chavista, por Venezuela; a ambos les quiero igual y por ambos debo buscar equidad, unión, no burla y separación. 

Mi voto es mi dignidad, pero en base a su acierto o no de por quien voté, no voy a ser más o menos que otros. Eso es ofender a quienes quiero y hacerme indigno para los valores que poseo.

Caer en ello sería una inversión de roles que ni el mismo Henrique Capriles quiere para su muy deseado por una mayoría que se comienza a manifestar, sexenio como Presidente. Lo que se critica no se ha de practicar, eso no es ser mejor, sino igual o peor. Ya de eso estoy cansado, no sé usted.

"El que le pega a la familia, se arruina", "quien pierde un amigo, pierde un poco de sí". Dos frases que no son sólo para tarjetitas o tweets, sino para valorar y reafirmar lo que se siente.

De haber cambio de gobierno, debe existir cambio de actitud. Aprender diplomacia y rescatar la moral y cívica. Si el Manual de Carreño está obsoleto, pues hagamos uno nuevo, del siglo XXI. Se puede llegar a algo conciliatorio.

No me pidan que me juegue todo por mi país, sí eso implica decirle sin palabras LERO LERO, TE GANAMOS, AHORA MANDAMOS NOSOTROS. Porque esa actitud es la que nos tiene en el farallón social todo golpeados.

Yo quiero que entre bromas, humor ácido y pensante, entre las palabras estremecedoras que amerita la política -porque de ella se nutre para rectificar, alentar o perecer-, también asumamos el tratarnos bien, que la verdad no ofenda aunque duela, pero que no se diga con saña o a medias pintas. Se debe aprender a tener balance.

No me voy a jugar la relación con los míos, sanguíneos, cosanguíneos, putativos o por amistad/vecinazgo, por un proyecto fallido o por un proyecto naciente. Si quiero demostrar que podemos estar juntos todos, deslindarnos de los "ismo" (chavismo, caprilismo) y comenzar con el sentimiento de venezolanidad.

Así Bolívar descansará feliz. 

Y recuerden que una deuda de juego, es una deuda de honor. Vea usted qué pone en juego y cómo apuesta, pero vaya a ganador siempre acompañado, nada de individualismos.

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