miércoles

Para los que Llaman a la Abstención

Así llegó a mi correo y la comparto. Muy de acuerdo con el mensaje implícito.


Para los que llaman a la abstención y siembran dudas sobre el "fraude", tome prestada esta carta de un artículo de la periodista Charito Rojas... espero que lo analicen...

“Señor Capriles: Sé que esta será tan sólo una de miles de cartas que va a recibir, pero confío en que lleguen a usted mis líneas.

Un martes cualquiera, mi esposo llegó a la casa con un dx de cáncer renal. Uno a tres meses de vida de expectativa y sólo 33 años. Luchamos y nunca desistimos. Tres años después vi salir a su médico de la última de tres cirugías confirmando una segunda metástasis en pulmón. Supe que ya no había manera de vencer a ese monstruo y ese día mi alma se partió en mil pedazos. Pero seguí, seguimos luchando. Durante siete años Jorge peleó, creyendo siempre que tirar la toalla no era una opción.

Ayer cuando me confirmaban los resultados electorales, estuve de nuevo en esa puerta de quirófano, con frío, con miedo, con dolor infinito e impotencia. Con una terrible soledad. Pensaba en mis niños, futuro, en mi país y pensé en usted, con una preocupación inmensa por el dolor que podía embargarle en ese momento. Después de todo ese peso que nosotros pusimos sobre sus hombros. Sentí vergüenza de no haber podido ayudar más, mi voto y el de los que convencí no fueron suficiente, seguimos siendo un país que no es capaz de actuar para cosechar a largo plazo, que no siembra, que no cría. Ayer le escuché hablar. Y quise abrazarle, cuidarlo, decirle que descansara. Sentí orgullo por su comportamiento y pensé que no lo merecíamos.

Hoy mi amanecer siguió de largo, gris y solitario, hasta que le leí esta mañana en Twitter. Y, Sr. Capriles, confieso que lloré muchísimo. Pero ahora, ya dejando el pañuelo al lado y con la cara lavada le doy las gracias, por todo, por dejarnos soñar otra vez, por hacernos creer.

Muchos me preguntan cómo puedo sonreír y hacer felices a mis niños teniendo el dolor de haber perdido a Jorge hace tan poco, siempre les digo que nunca voy a dejar que el cáncer gane el combate, ganó una batalla, se llevó a mi mejor guerrero, pero hundirnos en la tristeza sería regalarle todo. Después de leerle, he sentido la misma fuerza de antes, cuente conmigo. Le pido disculpas por estas horas en que me sentí desfallecer, ya lloré, ya suspiré y ya estoy lista otra vez para trabajar por Venezuela, con usted.

Ya no quiero cuidarle, no lo necesita. Quiero caminar a su lado, con la frente en alto, segura de no haberme equivocado al creer en usted y en su camino, que no nos llevará a un absurdo mago de oz, sino a la maravillosa realidad de un país libre.

Su amiga.

Alba C. S. (Nombre en reserva)

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