domingo

Ducha en Pareja: Mitos y Realidades

Ya sea que vayan a bañarse juntos para ahorrar tiempo, por la conservación del agua, o para hacer el intento al sexo en la regadera, compartir un espacio tan pequeño y húmedo con un hombre puede ser todo un reto.

La mayoría de las regaderas fueron construidas para una persona, y meter 2 seres humanos puede llegar a ser incómodo y hasta doloroso si no se acomodan bien. Pero si lo hacen bien, la experiencia puede ser más que candente.
Agua y lubricante no son lo mismo: “¡Qué conveniente!”, pensarás. Pero no, el agua elimina nuestro lubricante natural, y no sirve para nada para tener relaciones. Si quieres tener sexo bajo el agua, invierte en un lubricante de silicona, y si no… ni modo.
El jabón no es lubricante: Sé que quieres verte buena onda tratando de lavarla ahí abajo con jabón y agua, pero ¡ojo! Las mujeres no usamos jabones normales, en realidad necesitamos jabones hechos específicamente para el cuidado vaginal.
Comparte: Está bien que te guste el agua caliente, pero también debes considerar que estás compartiendo el lugar con otra persona que bien podría estarse muriendo de frío. El otro lado de la regadera, donde no llega el agua, podría ser considerada la tundra del departamento.
La pared está fría: Seguramente creerás que será sexy colocarla sobre la pared, pero si han pasado un rato debajo del agua, ésta será la superficie más fría del baño. Créeme, no la hará gritar de placer, sino de frío.

Es un buen lugar para un blowjob… pero límpiate primero: Si apagan el agua o se mueven a un lugar adecuado, ella podría ponerse de rodillas y darte sexo oral, pero dado que la limpieza masculina no es nuestra especialidad, sería bueno que tuvieras la cortesía de ser lo más higiénico posible, especialmente en el baño.
Tenemos una rutina: No la juzgues por los litros de shampoo y acondicionador que tiene que usar, ni los pelos que inevitablemente saldrán volando a todos lados en el proceso. Tenemos una rutina, y si quieres observarla desnuda, tendrás que lidiar con ella.
Deja de tirar el jabón: Una vez es lindo, 2 veces también… incluso 3, pero después de la cuarta, ya se volvió incómodo. Sé que te gusta la vista, pero si tú estuvieras inclinándote e inclinándote por recoger un jabón, no lo disfrutarías tanto.
No intentes lavar su cabello: Será un gesto lindo (y no pasará desapercibido), pero su cabello no es como el tuyo y ya requiere una rutina y un buen proceso. De otra forma podría crearse un nido de pájaros en poco tiempo.
Autora: Andrea Bouchot

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