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No se habla de lo que no se sabe

Una de las máximas de la vida -y poco aplicadas-, resulta ser una de las supra máximas del periodismo -y tampoco, se aplica del todo- y es que no se habla de lo que no se sabe.

Por eso hay que tener una buena producción que se prepare, jugar con los escenarios posibles -en su mente y papel- y además, alimentar su cultura general, sí bien no con la perfección de los datos, si con los elementos suficientes para argumentar una buena y decente pregunta, que traspase la piel del entrevistado y toque el hueso, pero sin ser letal para él y menos para los que están involucrados en dicha respuesta (ejemplo, preguntar a un político y que seamos los contribuyentes los afectados).

Un periodista sabe que no se habla de lo que no se sabe, maneja los silencios para que el entrevistado responde más de lo esperado; y tampoco -al menos los buenos periodistas- caen en la trampa del retruque que tienen ahora los invitados, que ante una pregunta de “¿Cómo está el clima?”, lo que hacen es decirle al entrevistador “¿Tú que opinas de cómo está el clima?”.

Parte de que no se habla de lo que no se sabe, es no hablar o responder cuando el entrevistado tiene astucia, ya que quiere conducir la entrevista por encima del periodista. Y cuando el comunicador social es probo y fuerte, la entrevista es preguntar, responder y aclarar.

El asunto es que aquí no pretendía yo tocar el tema de los periodistas nada más, ya que muchos están o condicionados por ideologías, por los medios, la monetización o simplemente que son estúpidos y amantes del show y polémicas que nada aportan a la sociedad, sin respeto lo digo a quienes son así y me duelen sean mis colegas.

Me mueve a decir estas palabras y titularlas “no se habla de lo que no se sabe”, es por la identidad nacional en el mundo.

no se habla de lo que no se sabe
 

No se habla de lo que no se sabe

Millones de venezolanos se fueron del país hastiados de los vejámenes y carestías en Venezuela; pero han estado diseminando una identidad errónea que solo las arepas, hallacas y tequeños han salvado en el honor.

El país del petróleo y de las mujeres bellas pasó a ser el país del “maric… y mmgv”, entre otras expresiones de baja calidad que distan a los coloquios y jerga de otros países. Así como aquí se normalizó el tratar a los demás de manera peyorativa, se ha ido regando por el mundo.

Además, muchos migrantes olvidaron que el castellano no es único y que las lenguas indígenas, los momentos históricos, el argot popular y regional impulsa la identificación de acciones u objetos de manera distinta.

He visto a venezolanos pelear con gente de otros países latinos o no hispanohablantes porque ellos le dicen “elote, pochoclo o maíz” a lo que nosotros le llamamos “jojoto”. Hasta incluso les corrigen de manera altisonante o burlista.

Es allí donde está mi punto, se olvidan de la polisemia de las palabras y la riqueza del lenguaje, o simplemente no saben o no reconocen que esos elementos existen. Además, “al país que fueres, haz lo que vieres” y eso implica, respetar.

Por eso me enfoco en que no se habla de lo que no se sabe; es defender supuestos que terminan ser refutados y, en vez de sacar claridad como en cualquier buena discusión, lo que hace es alimentar los rincones más oscuros del alma de quien recibe la corrección o se le discute de que está en un área donde se le reconoce así.

La cultura general no es solo del periodismo. Está en el periodiquero que lee constantemente; en la señora que vende café pero presta atención sin criticar, al andar de sus clientes y demás peatones. La demuestra quien no tiene temor de decir buenas tardes o feliz día o disculpe usted.

Reducir el ego y cuidar las formas son parte de la verdadera libertad de expresión, ya que no se acercan a hacer lo que les da la gana, pero los mantienen en el área donde quieren ser y estar, para poder coparticipar o corresponder a la mayoría de las personas.

Todo eso retroalimente la curiosidad, evita el “dudar callados” que no es más que no reconocer que falta o parece estar débil tal o cual tema, pero no quiere perder una discusión.

Esto y más lo observamos en paneles de entrevistados, gente preparada o al menos “corrida en siete plazas” de muchos países, sumado a los influencers o líderes emergentes que quieren imponer sus ideas de flojera, despilfarro y libertinaje.

¿Es eso lo que queremos dentro y fuera de Venezuela?, no lo creo. Pero sin pasión por la lectura, consumir contenidos débiles o ponzoñosos, creer que la igualdad es ser lo más grosero y corriente posibles (disfrazándolo de “nuestra manera de ser”) y con un sistema educativo que trabaja con las uñas y no sabe fusionar el conductismo con el constructivismo para realizar un cooperativismo ascendente, se seguirá hablando e lo que no se sabe, sujetos a la sentencia aquella de:

“Echando a perder, se aprende”.

Pero no siempre se da lo de aprender, sólo lo de echar a perder.

Hay que prepararse, si vemos algo superficial, leamos o consultemos más. Los buenos argumentos debilitan los roces y debilidades.

Lcdo. Argenis Serrano