"Las Pu… y los Hijos de Pu…"

Nuevamente debo comenzar un artículo presentando mis disculpas a la fiel audiencia, por usar este lenguaje, pero nótese en los siguientes párrafos que son necesarios esos epítetos para que se comprenda, porque esto de las pu… y los hijos de pu… están avasallando al mundo y alejando a las sociedades.

Extrañamente no vamos a hablar de políticos partidistas ni ladrones o criminales o gente con poder, que son los que más se ganan estas y otras expresiones. Vamos a hablar de los que somos parte de cada sociedad.

Las mujeres scort, dama de compañía, libertinas, prostitutas, casquivanas, etc., han sido parte del mundo desde los inicios del mismo, siendo catalogadas como la segunda profesión más vieja del mundo.

Por otro lado -el que llamamos el sano- están nuestras señoras madres, que pagan los platos rotos de cualquier error accidental o actitud real que tengamos, espetadas por cualquier transeúnte, conocido o no.

Esa es parte de la defensa personal, la actitud ante la molestia, susto, indignación e incluso, ira o melancolía. Se piense que esté bien o mal, esa expresión la usan para drenar y reiterar el desprecio momentáneo o permanente contra alguien e incluso, un grupo grande.

Ahora, hay países en que tanto el hablar de las pu… y los hijos de pu… es de tan normalidad que no está penalizado. Se dice que es fuerte, que no lo digan pero no se censura del todo en radio y televisión, algo que en Venezuela sí es sancionado, salvo para los más hoscos, cernícalos y serviles al gobierno socialista.

De allí que en los países lo que es normal, para otros es un insulto muy grande, especialmente cuando los latinos tenemos un gran apego, respeto y cuidado de nuestras madres y el que se expresen de ellas así, insultándonos a nosotros, enerva mucho.

En Argentina o México, por ejemplo, decir pendejo es normal. En Venezuela es un insulto. En Colombia dicen vaina o carajo con normalidad, en Venezuela es grosería. Ahora, en Venezuela los venezolanos le decimos a la gente joven bien arreglada “pavo o pava”, cosas que en Argentina son insultos.

las pu... y los hijos de pu...

Por lo tanto, así como se hace -o se hacía, ya entró en libertinaje- el doblaje, hay que tener mucho cuidado que se dice en los medios y además, qué contexto puede tener para los demás su manera coloquial de expresión. Así como es feo decir “maric… mamag…”, dos palabras que tristemente ahora identifican al venezolano, el hablar de “las pu… y los hijos de pu…” y celebrarlo como normal en tu país, de seguro será mal recibido en otros.

La pobreza del lenguaje es uno de los males silentes y más latentes en las ultimas dos décadas; incluso hay quienes te critican el que tengas buen léxico, porque discriminas al que no entiende, intentando bajarle el techo del conocimiento a ambos, a manera de falsa igualdad.

Nuestras diferencias culturales y de estilo no son excusa para no respetar a los demás. Tampoco el que “te lleves así” con un sector, puede ser excusa para tratar a los demás de la misma manera. La decencia, disciplina y respeto no duelen, aunque haya grupos de poder oscuro que quieran crear igualdad hacia abajo, forjada en la displicencia y paisanada.

Ya a los argentinos -por ejemplo- el espetarle “las pu… y los hijos de pu…” a diestra y siniestra al mundo entero, les ha traído más y mejores problemas, y ya no es chiste el que digan que ellos se creen mejor que los demás. Lo aseguran con toda la convicción que un sofisma les permite y están adentrándose en el separatismo más abyecto.

Difícilmente se puedan erradicar las palabras groseras. Pero las obscenidades y la falsa convicción de superioridad bañada en un falso orgullo que se siente real, sí son más fácil. Solamente hay que recordar que todos somos iguales, con capacidades distintas, que siempre nos necesitamos y, cuando hay que competir, todo radica en ser realmente competentes.

Echar pestes al alma, el quehacer, la identidad, orgullo y capacidades de los demás, englobándolo en interjecciones como “las pu… y los hijos de pu…”, y otras más fuertes, nos van a terminar destruyendo.

Hay una diferencia entre el chiste o el cuestionamiento político, cuando se usan con diplomacia para hacer ver lo bueno y lo malo. Pero al otorgarle superioridad radical y dar a entender que los demás no tienen derechos porque les ven como inferiores, ya son palabras que tienen un halo del alma y van directo a destruir, por lo que no pueden ser permitidas y, obviamente, toda persona de bien, sociedad o legislación, las va a rechazar.

Y sí son un grupo grande que a su vez dice que es la identidad nacional, claramente que a todos les va a caer el desprecio bien ganado por sus acciones, pero mal ganado por haberse dejado tentar por un instinto similar a la mal llamada “raza aria”.

Lcdo. Argenis Serrano 

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