Nadie
habla de esto porque toca -o trastoca- directamente al sector privado local, a
la persona natural que pudo construir un “localcito” en su casa, al cual le
colocó un letrero de “se alquila local” hecho con marcador y permitió a alguien
cumplir su sueño de un emprendimiento.
Sueño
que, pasado un tiempo, se transformó en la pesadilla del cierre, por algo más
que los impuestos nacionales, estadales, municipales y los toques técnicos de
uno que otro ser con cargo que va a molestar, más los amigos que no saben que
la amistad también está en colaborar pagando, por un trabajo justo, aunque sea
una cuota especial.
Y el
dedo en la llaga que queríamos tocar, es el sueño del local en alquiler, que
pasado el tiempo, si ve que al negocio le va mal, igual le pasa el nuevo
contrato (en Venezuela es de 06 meses) con un precio mayor del alquiler, el
cual difícilmente se puede pagar y el local se cierra, quizá por el rubro
elegido, que la zona no sea buena y las inconsistencias administrativas,
problemas en los que el dueño del local en alquiler nada tiene que ver.
Pero,
es mucho peor cuando el negocio es rentable y atrae mucho movimiento. El dueño
del local quiere cobrarle más porque está vendiendo, algo así como en función
de su éxito, incluso saliéndose en lo estipulado en el contrato que esa misma
persona dueña del local, dictaminó.
Aquí
diríamos que un abogado debió asesorar para que eso no suceda. Pero resulta que
al dueño no le importa y, estúpidamente, prefiere matar a la gallina de los
huevos de oro con un precio de alquiler injustificable, unilateral, técnicamente
ominoso, sólo porque vio que “se hizo el punto”, tal cual le decimos en
Venezuela cuando un negocio se establece y es de clientela fija y fluctuante,
algo así como una marca personal.
Es vergonzoso
que existan dueños así que técnicamente envidian y destruyen a sus inquilinos
solamente porque les ven progresar. No son todos -no podemos ser absolutistas-
pero muchos negocios pequeños cierran por ambas razones: una mala visión comercial
o el abuso en los alquileres.
Por fortuna,
de una u otra forma se puede recomenzar habiendo voluntad y conservando los
elementos materiales más el capital humano -y algo de capital financiero-, pero
la saña de quien comienza con el letrero o aviso en redes sociales de “se
alquila local” y luego pasa del casero al verdugo, por querer ganar más, sin
considerar a la inflación, la rentabilidad, su administración que es avariciosa
y su falta de visión, que influye en el público o digamos más bien, en la
sociedad.
¡Cuánto
nos falta como sociedad y humanidad para entender que vivir de los demás (la mal
llamada viveza criolla), es nuestra peor condena y la que no nos permite vivir
una vida sustentable, adaptada y segura!
Sí
vas a alquilarle el local a alguien, no esperes que sus ganancias sean tuyas,
tu trabajo -ganancia- proviene de ser el arrendador, no vivir a costillas del
arrendatario.
Sí pierdes
a uno u otro inquilino por lo mismo, literalmente estás cambiando a tu mamá por
un burro e incluso, al burro también lo perderás.
