Doy muchas gracias a
Colombia porque muchos de mis familiares y amigos se fueron a vivir allí o lo
tuvieron de paso para llegar a Perú, Ecuador, Chile o Argentina, incluso para
subir a Panamá y México o USA por donde ya sabemos y que no pronunciaré por lo
horrenda que se hizo la travesía.
Recuerdo que en par de
ocasiones viajé a San Cristóbal y nos llevaron de excursión a Maicao y Ureña,
enseñándonos lo sagrada y obsceno. Nos deleitamos con la exquisita Receta de ajiaco que más caracteriza al pueblo colombiano y más que sentirme lleno,
me sentí complacido.
En ocasiones había
escuchado que las personas colombianas, por mucho que usaran su jerga o coloquialismos,
te trataban de usted y con máximo respeto de empatía. Resultó cierto y ello ha
bien influenciado a la zona andina venezolana.
Y mis agradecimientos
tienen asideros al día de hoy, en otras instancias…
Muchas gracias a Colombia
Aunque los venezolanos en
gran porcentaje se jactan de su inteligencia comprobada, los colombianos
estudian y hacen, se consideran portándose como ciudadanos del mundo, sin
perder la esencia y vigor de su gentilicio.
Las diferencias entre las
regiones (departamentos), claramente que pertenecen a su cultura. Pero tienen
una gran manera afable y natural de congeniar, lo que les hace más tolerantes.
Debo darle muchas gracias
a Colombia por ser demostración de un periodismo serio, organizado, directo y
que comprende lo que es el respeto a las víctimas, sabiendo “ordeñar” las notas
entre ambos bandos y los motivos, lo que dibuja escenarios donde los mismos
usuarios son los que terminarán tomando su decisiones.
Su decisión política es
suya, entre lo malo y lo bueno, se respeta. Lo que me toca pedir es el aprender
y saber sobreponerse de los males que también están por fuera de la política
partidista. Esos intereses oscuros de los grupos armados de meter la razón a
bala o vender vicio también con disparos.
Este año electoral viene
manchado de sangre y amerita limpiar heridas que dejaron cicatrices en las
cuales hay que seguir. De corazón espero que les vaya bien, con organización y
aprendizaje real, que ayude a disminuir la polarización que se contabiliza en
las urnas.
Su estilo de humor,
novelesco, de proyección, siempre me ha parecido encomiable, porque se replica
en la actitud de quienes comulgan a través de las redes sociales. Como dije
antes, la manifestación de su gentilicio es una de sus mayores virtudes.
Podría hablar de su café,
pero jamás he tomado un Juan Valdez. Ahora, además del ajiaco, la sobrebarriga
es uno de los platos que más disfruto, quizá en una versión más de mi país, que
le hace ligera, ya que la carga de colesterol y proteínas con un calor de +/-
29ºC promedio, no es tan chévere como se pensaría o desearía.
Y, además de lo periodístico,
les agradezco por el Festival Internacional del Humor, la mejor manera de
encontrarnos en el área hispanoparlante.
Lo que no le agradezco
Bueno, el vallenato
llorón y de letra depresiva, no me gusta. Tampoco la voz de Shakira, así como
los que secuestran y ponen carros bomba. Eso, nada más eso.
Muchas gracias a Colombia
Porque tengo amigos que
entre altas y bajas, allá se sienten seguros, han hecho amistades y eso de “veneco”,
ha sido depurado por la palabra “amistad”, creando líneas de encuentro reales
entre lo que afecta y beneficia a nuestras sociedades.
La Gran Colombia es una
realidad de entendimiento y diferencias, como en cualquier matrimonio, vecindad
o relación. Tenemos enemigos comunes, males similares y dos idiosincrasias que
compiten en buena lid, siempre defendiendo los colores patrios que también nos
asemejan.
Aunque habrá quien alegue
cosa de aquí y de allá, buscando lo idóneo, jamás dejará de reconocer que el
terruño tiene una magia y necesidad que se agradece porque forjó mente,
carácter y sentido de propiedad.
La perfección no existe
en la tierra, pero siempre habrá algo cercano: Esa sensación de bienestar que
nace de estar en una tierra que te hace sentir bien, sea la mía (Venezuela), o
la ajena (esa por la que reitero el “Muchas gracias a Colombia”).
