El 24 de junio de 2026 es
otra de esas fechas terribles en Venezuela de las cuales queda demasiado dolor
y la obligación de aprender para corregir. Y esto último es para la sociedad
civil que necesita corregir en lo que haya fallado (nervios, previsión, maneras
de ser comedidos con los demás, etc.), e incluso aumentar sus aciertos
(aprender cómo ayudar más y mejor de lo mucho que han aportado). Porque este terremoto
en tiempos de redes sociales vino a ser una letra escrita con sangre que
nos tocó a los buenos y ha mostrado quienes son los malos (los irrecuperables).
El mal, presente
Tomando como ejemplo la
conectividad y uso sincero y amplio de https://telegram.org/
de Pável Duróv como de X de Elon
Musk, hemos podido observar tanto de manera flagrante directa e/o incidental el
cómo la inacción, el cumplimiento de órdenes que son claros delitos de lesa
humanidad y la insensibilidad y aprovechamiento de oficiales como de seres
inescrupulosos particulares (saqueadores e incluso, quienes desean robarse
niños para sus oscuros propósitos).
Esto no lo vemos en los
medios oficiales y privados -salvo algunas excepciones que son tristemente sorprendentes
en este concepto ideológico-; lo podemos ver gracias a que una gran mayoría está
dando buen uso de las redes sociales, denunciando al mal.
Como siempre, el descaro
de quienes tienen arma o fuerza física o respaldo de grupos de poder se hace
presente para intimidar y hacer quedar a la gente de bien como una inútil,
logrando un impacto psicológico perverso para desesperanzar y agriar al
venezolano de bien.
Muchos han sido expuestos
sea en grupos, foros y mayoritariamente -por seguridad- en diversos Canales Telegram
y, cuando toque la hora de los juicios nacionales e internacionales, sus
imágenes y el contexto bien dado les harán pagar en la tierra como así pagarán
en el cielo. No es un deseo o algo místico, es el destino de todo el que hace
el mal; aunque no lo veamos, sabremos que pagarán, sea el rango, cargo u oficio
o abandono personal que tengan como modo de vida.
El bien, presente en este terremoto en tiempos de redes sociales
La información por parte
de los ciudadanos ha sido enorme, más allá de los modos y estilo. Su ubicación,
valor para grabar y el atreverse incluso a cuestionar a los que cumplen órdenes
negativas o actúan de manera vil por su cuenta, es encomiable.
Los rescatistas
internacionales (Dios les bendiga), provenientes de todos los continentes,
además de sus sistemas de comunicación y la difusión de sus respectivos
gobiernos (ejemplo, la labor comunicacional del Presidente de la República de
El Salvador, Nayib Bukele), ha sido perfecta, no dejando huecos de comunicación
que permitan se tergiverse.
Diversos cabales
informativos particulares, como los que podemos encontrar en este top telegram channels han mostrado curadamente los acontecimientos dentro y
fuera de las fronteras de Venezuela, lo que además de llenar ciertos
expedientes, refrescará o alimentará la memoria del venezolano a la hora de
elegir sus autoridades.
Porque sí esos mismos
políticos, oficiales y particulares de pueblo, sufrieron el terremoto y
prosiguieron sacando lo peor de sí, creyéndose inmortales e inimputables, pues
sí ellos llegasen a querer desmentir lo que propulsaron a favor del mal, las
redes sociales y ciudadanía organizada, que guarda esos respaldos en sus redes,
equipos, la nube y en los repositorios de las RR.SS., se los sacarán en cara y
les harán pagar cívicamente su falta de humanidad.
Este terremoto en redes
sociales nos mostró la cara del mal que va más allá de los malos habituales. También
incluye a los supuestos influencers o creadores de contenido que son
insensibles, poco pensantes, altaneros y que quieren ganar fama y fortuna
incluso por encima del dolor ajeno. Quedaron expuestos y la gente no dejará de
recordárselos.
¿Cuántos incidentes no
quedaron callados o en escritos olvidados en la historia porque la ciudadanía
no los pudo masificar?; pues ahora este terremoto en redes sociales enseñó que
hay maneras y toca educar para que sean de forma más efectiva, decente,
organizada para aumentar su impacto real, sin aires de sensacionalismo y sí de información.
Entendamos pues por qué
quieren censurar o limitar el uso de as redes sociales libres (las que no te bajan
la publicación al instante como TikTok o Facebook); desean que la gente sepa
menos, para poder robar más. En todos los estratos hay gente mala procurando
ello.
Pero toca recordar que,
los buenos, somos más y los debemos superar.
