lunes

El Cacique Maracay

La fama de este guerrero, cacique de los Araguas, adquirió cotas de gran altura por su arrojo, su tenacidad en el combate contra los conquistadores, su valor, su imponente apariencia de hombre magníficamente pertrechado en lo físico, su arrogancia, e incluso su fiereza.

Ejercía su gobierno en la zona que actualmente abarca el Estado Aragua así como en ciertos sectores adyacentes. Su especialidad en el ataque por sorpresa lo llevó a rodearse de un grupo de guerreros seleccionados con los que, en raudas y perfectamente estudiadas escaramuzas, atacaba al enemigo y sin apenas darle tiempo para defenderse lo aniquilaba, se apropiaba de sus pertenencias, en especial de las apetecidas armas de fuego que con el tiempo había ido aprendiendo a manejar, y se retiraba a su campamento.

Algunas de sus acciones de mayor gloria las efectuó en alianza con otros caciques, y muy en especial con el gran Guaicaipuro. Entre sus hechos de armas más notables se encuentra un ataque a la ciudad de Santiago de León de Caracas, en el que causó al enemigo cuantiosos daños y pérdida de numerosas vidas humanas. Sin embargo, al decir de ciertos cronistas de la época, su nombre pasó a la historia con motivo de la batalla que sostuvo contra un gallardo y experimentado capitán español, don Juan Rodríguez Suárez, a quien, merced a sus excelentes aptitudes de estratega, atacó no sólo con furia sino con inteligencia y pericia y a quien, todavía en plena batalla, equilibrada hasta el momento, retó a combatir cuerpo a cuerpo.

El aguerrido soldado español —conocido por su apodo de Caballero de la Capa Roja—, temido por su fortaleza física y su destreza en el manejo de todo género de armas, aceptó en el acto y con su desenvainada espada, acometió a su oponente con una terrible estocada que Maracay esquivó con agilidad de colibrí. Seguidamente, la habilidad con la macana, la resistencia y, sobre todo, la juventud del Cacique fueron decisivas a la hora de vencer. Y lo consiguió. Y el bravo Rodríguez Suárez, herido, derrotado y maltrecho hubo de replegarse hasta su cuartel general.

El mencionado combate había tenido lugar, según las mismas fuentes, bajo el frondoso Samán de Güere (el mismo que tres centurias más tarde habría de servir de cobijo a Simón Bolívar, en una de las acampadas que el Libertador dio en realizar durante su continuo y bélico peregrinar a través de los senderos de Venezuela).


Maracay pereció poco tiempo después y de la forma más ignominiosa para un guerrero. Uno de sus hombres de confianza, traidor consumado, condujo hasta su bohío a un pelotón de conquistadores que le dieron muerte mientras dormía. Para entonces, empero, Maracay ya se había hecho acreedor a un puesto de honor en el firmamento de los héroes.

Recopilación de: Rubén Tamanaco

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...