Sí,
veintisiete horas, treinta y cuatro minutos (27:34:00) es lo que sumó desde el domingo
10 de mayo al sábado 16 de mayo en cortes eléctricos en donde vivo (Caña de Azúcar,
Aragua, Venezuela).
Tres
días fue de 2 de la tarde a siete de la noche (minutos más, minutos menos el
inicio), el día jueves fue de 10 de la mañana a tres de la tarde y una segunda
tanta de diez y media de la noche a 2:30 de la madrugada.
También
un corte el día martes por 10 minutos a la 1:11 de la madrugada.
En fin,
además del desorden y lo injusto, está el incumplimiento de palabra. Supuestamente
los racionamientos serían por 45 días, que se vencían el lunes 04 de mayo, y
por tres horas. Todavía prosiguen y son de 5 horas como mínimo y no hay garantía
de que no se repetirán el mismo día.
Incluso
en varios sectores de Maracay el día miércoles 13 se cortó la electricidad 07
veces, específicamente en la zona centro, la de mayor volumen comercial.
Aunado
a temperaturas que superan los 33 grados centígrados a la sombra y plagas de
zancudos y mosquitos que ninguna alcaldía o ente de salud se dignan a fumigar para
paliar su negativo impacto, los apagones sin criterio ni misericordia alguna, son
el día a día de los venezolanos, especialmente los aragüeños.
Hace
días hubo gente protestando y los reprimieron, diciendo que ellos llaman al
odio “porque quieren ir a la casa de fulano de tal”; ciertamente tienen razón
de que eso es odio, además de una pérdida de tiempo, ya que los trabajadores de
Corpoelec no tienen la culpa ni el criterio para atender dicho problema.
Incluso
las gobernaciones y alcaldías no tienen la potestad. Esto es del gobierno
nacional o lo que sea esto que hay desde el 03 de enero de 2026 o desde el 28
de julio de 2024. Y entre la falta de dinero, no querer tratar con fulanito o zutanito
-que pueden resolver- y las pocas ganas, somos nosotros los que llevamos todas
las de perder.
El punto
de los reclamos es el engaño. En el tiempo de los cortes seguidos y la duración
de los mismos. Que no haya cronogramas, sólo una lotería de switch que
parecieran bajarse al azar y que incluso, afectan a otros circuitos y los
apagan cuando ya venían de un corte, teniendo la posibilidad de que se la
restituyan (la energía) a los diez minutos o les dupliquen la dosis.
Entonces
la gente se molesta, duerme mal, está presionada, en incertidumbre, enseñándose
a sí misma a resignarse y sobrevivir porque sí se molesta ofende y esa ofensa
es ¿delito?; nos obligan a soportar pero no arriman ni una a nuestro favor, al
menos con lógica, itinerarios serios (que los hubo) y ganas de resolver.
Veintisiete
horas, treinta y cuatro minutos (27:34:00) sin electricidad viví en casa y no
cuento las horas de la oficina y el entorno y a los lugares donde debo ir a
comprar y que de manera indirecta pero incidente, me afectan.
Y,
aunque no me lo crean, ese es un tiempo por debajo de muchas otras zonas,
incluso de Aragua. A una amiga en Cagua se la cortaron dos días por doce horas
nocturnas, lo que afecta cuerpo y mente, además de llenar al alma de desasosiego
y reprensión en contra de los culpables.
Lo que
empeora el asunto es que se sabe cuanto dinero se necesita, qué equipos se
necesitan, el personal requerido, para recuperar y superar la generación eléctrica
necesaria para enderezar al sistema eléctrico venezolano. Pero no hay
garantías, voluntad, dinero y menos, un comienzo que no sea este calvario a
diario.
Los venezolanos
de a pie podemos y debemos ayudar al sistema eléctrico nacional, no encendiendo
aparatos a diestra y siniestra y hasta con beligerante placer. Pero quienes
cobran la factura y dirigen a la empresa eléctrica, deben apretar y buscar soluciones,
aunque sea los paliativos de la energía solar, eólica u osmótica en lugares
públicos, para bajar el gasto.
Incluso
la energía del gas de los mecheros, que se pretende usar para minar
criptomonedas a futuro, debería de usarse para que las petroleras generen su
propia electricidad o parte de ella y nos alivien a nosotros.
Pero
no hay la voluntad de arrancar, sino de usarnos como pañitos mojados y que
superemos nuestras propias marcas personales -la de mí área, veintisiete horas,
treinta y cuatro minutos (27:34:00)-, así nos ahogue el calor, nos dé
dermatitis, afecte nuestra psiquis y nos tenga dando tumbos y gastos erráticos.




