Esto se está presentando en los lugares
donde la jerarquía es gregaria y/o finge cercanía con el personal o capital
humano, al que mientan ahora como “colaboradores”, haciendo que ellos, la alta
esfera directiva, pase de ser un equipo de trabajo que coordina una empresa,
negocio, fundación, institución o ente mute de un equipo d trabajo a un equipo
de colusión.
Y es que
el liderazgo que ejercen es el de “hazme caso ciegamente, toma unas dádivas y
mantenme informado de qué sucede, no para resolver a favor de la justicia, sino
para ir descabezando a todo aquel que tenga la osadía de pensar, sentir,
disentir y solucionar de la manera más salomónica posible”.
Ello conlleva
a que el ambiente laboral se haga tóxico entre empleados y obreros; sea “snob”
entre los cargos medios que aceptan estar de buenas con los poderosos y no
pasar la mala suerte de los trabajadores productivos; y peor aún, envanezca más
a la directiva que se convence a sí misma que sólo el poder y la presión crean
empleados útiles a su causa.
Acá no
hablamos de acoso, quizá ni agresión. Pero sí de la presión de cuestionar con
frases banales y mal intencionadas lo que el personal hace por el público en
general, demeritando o restando valor a las acciones incluso delante del
público. Y en ocasiones, haciendo que el público les dé la razón o son parte
del problema.
También está
en la ostentosidad descarada. Se nota en el cómo visten, que conducen, qué
actividades privadas tienen -pero que hacen públicas en sus redes sociales-,
para luego espetarle a los demás que hay que tener humildad y se deben
controlar los gastos por cómo está la situación.
Y, caro
está, el personal que es el verdadero equipo de trabajo útil, es el que no gana
acorde a su esfuerzo, no le es premiado y le es discutido incluso el que cierre
los ojos 15 minutos durante su hora de almuerzo.
Ese equipo
de colusión también se burla de su equipo de trabajo cuando les hacen fiestas o
reuniones ostentosas o formaciones que en ocasiones no colindan con el flujo
del trabajo. Claro está que es parte de su responsabilidad social y un
desahogo, pero fingir ostentosidad y que el ambiente es así de positivo,
bonito, rosa, mayoritariamente, es una mentira que termina en el siguiente efecto
dominó.
Del equipo de trabajo al equipo de colusión
Ver a ese
grupúsculo de jefes gregarios y que parecen más bien un consejo de inquisición,
que no se mezcla con los trabajadores para no mostrar debilidad ni igualdad -cosa
que les hace peores humanos-, termina dando vergüenza y arruinando un trabajo
sólido con una organización en la que cada quien sabe su lugar pero no se le
olvida que el liderazgo está en reconocer, empatizar, delegar según su
potencial y alentar las soluciones con equilibrado criterio voluntarioso y
muchísima iniciativa.
Esas organizaciones
van perdiendo lo más valioso que es el capital humano, del cual viene la producción
económica y la fortaleza de su marca o renombre institucional. Comienzan a
hacer control de daños fingiendo ser dispendiosos, pero el gen del esnobismo y
la falsa superioridad siguen latentes en sus acciones y expresiones, aunque ya
tienen fuertes rivales que no son otros que los empleados dolidos y los consumidores
decepcionados de cómo se vivieron abajo, siendo lo visible para ellos la atención
al público y la solución de problemas, pero en lo interno no es más que una
batalla de egos.
Incluso, ese
equipo de colusión en ocasiones se siente confiados por los que son
irrestrictos con ellos, sea por dinero o porque tienen el mismo sentir y pensar
aunque no tengan el mismo modo económico, siendo su equipo de trabajo de
resguardo, sintiéndose caballos o alfiles, cuando no son más que otros peones.
El aprendizaje evolutivo
Convivir con
un equipo de trabajo que pasó a ser un equipo de colusión -aunque fuere taimado-,
termina siendo una lección de vida que nadie hubiese querido conocer en la práctica,
sino en la teoría. Y cuando toca, lo que
uno debe tener claro es:
- Cómo se comportó ante y a pesar de ellos.
- Que las convicciones personales fueron positivas para
terceros y el lugar de trabajo, aunque fuesen espuriamente discutidas.
- No te puso a dudar sobre la raza humana, sólo te enseñó a
lidiar y triunfar sobre lo peor de ella.
- Cumpliste con tus deberes a pesar de.
- No destruyeron tus lugares más sagrados: alma, mente y
corazón.
- Ese equipo de colusión que pactó para ser una inquisición
“soft”, fue su propia verduga y lo bueno es que no te involucraste.
- El cumplimiento y blindaje con pruebas físicas y
tecnológicas, te protegieron de su daño.
- Supiste encontrar tu lugar entre las personas a atender y
entre la gente buena que se encuentra en el equipo de trabajo en cualquier
nivel.
Porque el
mal no es absoluto, aunque tenga poder e incidencia; ya que la forma de
debilitarlo es no ser parte de él, aunque te esté pagando. Cada quien debe
velar por sus intereses, pero no en una forma mezquina, lo debe lograr interesándose
en ser productivos, capaces, resolutorios y humanistas, ya que a eso se
comprometió cuando firmó un contrato de trabajo que en ninguna parte obliga a
obedecer aquello que sea dañino a terceros y mucho menos hacia su propia
personalidad.
Un verdadero
equipo de trabajo es aquel donde el liderazgo es integral; lo demás no es más
que esclavitud disfrazada de contratación laboral.
