Vamos
a imaginar que usted es dueño de una casa que puso en alquiler y antes, la puso
al 100% de funcionalidad e incluso dejó algunos muebles, sumado a los servicios
básicos activos. Entonces llegaron los
inquilinos y dejaron la casa hecha un desastre, fueron visitados por los
policías, denuncias de los vecinos y servicios cortados por falta de pagos, además
de peleas y destrozos al entorno.
Tras
un largo litigio, pudo conseguir sacar a esos inquilinos que también se habían
enquistado de la casa y llegaron incluso a malponer su nombre ante los demás. Ambas
afrentas tuvieron que dirimirlas ante juzgados e información a la opinión
pública y dicha exhibición mediática respaldada por hechos, por gente de bien,
ante los entes pertinentes y luchando incluso contra quienes apoyan lo que está
mal, dio frutos, ¡recuperaste tu casa!
Pero…el
juez de la causa conmina a los involucrados a resarcir al arrendador ya que en
el contrato decía que había que devolver el inmueble en las mismas condiciones
en las que fue recibido o eso implicaría la no devolución del depósito y cobros
adicionales y exigencias de reparaciones morales, monetarias y físicas por
incumplimiento.
Esto
significa que los inquilinos deben limpiar el cochinero que dejaron, que va
desde lo eléctrico a lo hídrico; de las estructuras hasta la señal de WiFi; de
las áreas externas y/o comunes hasta las reparaciones para con los vecinos; en
fin, cumplir con todo aquello que se le brindó como un espacio temporal para
vivir y disponer entre los parámetros que el contrato legal y las normas tácitas
elementales de convivencia ciudadana, dictan.
La realidad
es que esos malos inquilinos deben limpiar el cochinero que dejaron antes de
dejar el inmueble, es injusto y hasta una burla que lleguen los siguientes
inquilinos y deban reparar todo aquello que por displicencia, beligerancia,
abuso de poder y un buen número de faltas a la moral soterradas, lograron para
destruir el sacrosanto hogar.
No se
les puede dejar ir liso y además se ha de sentar un precedente para que gente
así no llegue a ocupar un lugar bonito y disponer del mismo, porque son un daño
para el entorno, para el lugar e incluso para los patrimonios inmateriales que
la sociedad y el planeta brindan.
Antes
de irse deben limpiar el cochinero. Y según el tiempo que estuvieron, pues más
deben resolver y no dejar vestigios en los que los hongos puedan volver a
intoxicar al ambiente. Que eso tome tiempo y sea incómodo, porque se siente que
se les está dando el chance de fingir que aprendieron la lección, toca
aceptarlo pero sin regañadientes, ya que la orden está dada y ante cualquier
intento de burlarse de la ley, esta les hará cumplir sin cortesías.
La impaciencia
es una condición humana y sólo se puede paliar cuando se nota que hay un camino
de justicia en el que los que hicieron desastre ya han sido llamados a capítulo
con una fuerza mayor a su arrogancia y oscuro sentido de vivir. Toca ser
vigilantes de que cumplan con la orden de limpiar sus cochinadas e irse con su
manera apócrifa de vivir a otro lado.
El próximo
inquilino debe ser la antítesis de esos lobos disfrazados de ovejas que se
quitaron la careta apenas se les dio el chance de dirigir y tener ese hogar;
claramente habrá cosas del cochinero dejado que tendrá que pulir, es casi
imposible volver a dejar como una tacita de plata a un lugar que fue manchado
de pies a cabeza por la ignominia y las malas mañas.
Y sí
quieres ser algo crápula, al menos puedes serlo con los malos que ocupaban la
casa y ahora limpian sus cochinadas porque saben que pueden pagar con cárcel
sus barbaridades y en la cárcel, deberán ser limpios y ordenados lo quieran o
no. Están pagando su mala manera de vivir y -en teoría- aprendiendo su lección.
Ten paciencia,
sólo eso.
Venezuela es tu casa
